No lo intentes.

Sí la vida es bonita, si eres feliz, si por tu cuerpo solo corre dicha... no, no sigas adelante, no te adentres en este blog.
Esta lleno de dudas, miedos, inseguridades, dolor, ira, rabia, muerte, destrucción, desolación, soledad...
No es apto para mentes sensibles.
¿Te atreves?
Yo ya te avisé, bienvenido al mundo del olvido.

6 de octubre de 2010

Cantaba la diana dentro de los cuarteles,

y el viento matinal soplaba en las linternas.

Era cuando el enjambre de maléficos sueños

en su almohada retuerce al bruno adolescente;

y, tal ojo sangrante que palpita y se agita,

sobre el día la lámpara pone un manchón de rojo;

y el alma, bajo el peso del cuerpo áspero y torpe,

imita los combates entre el día y la lámpara.

Como un rostro lloroso que las brisas enjugan,

el aire se estremece con las cosas que huyen,

y el hombre está cansado de escribir, y de amar la mujer.

A humear comenzaban las casas,

las mujeres airadas, con los párpados lívidos,

la boca abierta, un sueño de estupidez dormían.

Las pobres, arrastrando sus fríos senos flácidos,

soplaban en las brasas y en sus dedos soplaban.

Esa hora en la cual entre frío y miseria,

se agravan los dolores de la mujer que pare;

tal sollozo cortado por la sangre espumosa

los gallos a lo lejos desgarraban la bruma.

Bañaba los inmuebles una mar de neblina,

y los agonizantes en hondos hospitales

daban su estertor último en hipidos confusos.

Por sus tareas rotos volvían los noctámbulos.

Tiritando la aurora con traje rosa y verde

lentamente avanzaba por el Sena desierto,

y el sombrío París, frotándose los ojos,

anciano laborioso, su herramienta empuñada.

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