Hoy hace un año, o más, que ella se olvidó de mí. Más de un año, casi dos, que nuestros caminos se separaron.
Ella, blanca como un ángel de cristal, buscó un camino delicado, cálido y suave.
Mientras que yo, negra como un hechicero de carbón, busqué un camino difícil, frío y oscuro.
Dos años, o puede que tres, que ella quiso buscar la felicidad en un sendero mucho más acogedor que lo que yo podía ofrecerle.
Ella, delicada como una rosa, se encontró con una mariposa de múltiples colores.
Mientras que yo, bruta como una roca, me encontré con un escorpión venenoso.
Tres años, casi cuatro, que ella voló de mi cueva para saber que existía en el mundo exterior y emprender el vuelo al lado de otras golondrinas que le ofrecían la paz que yo no tenía.
Ella, de ojos de estrella de mar, vió un lago de agua cristalina en el que fue libre.
Mientras que yo, de ojos de cuervo, vi un pantano de fango asqueroso en el que me condené.
Son tantos años que... ¿quién lo recuerda?
No hay comentarios:
Publicar un comentario