Estaba en una cama postrado a punto de morirse, la vida lo había tratado bien. En cambio, él no había tratado bien la vida.
Abusó de su hija nada más cumplir los doce años y fue un abuso tras otro. Mató a su mujer porque el pollo no estaba bien hecho.
Nunca fue un buen hombre y ahora, antes de irse, se arrepentía de todos sus actos.
Era tarde.
Moriría entre crueles lamentos, llorando sangre y desagarrándose el interior.
Yo, viviré... ahora que ese mounstro está muerto.
No hay comentarios:
Publicar un comentario