Volvió a nacer aquel día que probó, por primera vez, la sangre. Sin más cavilación, despedazó a aquel asesino que estaba condenado y lo mutiló, absorbiendo cada gota de sangre que emanaba de su cuerpo.
Se sintió viva, la sangre le dio la energía que nunca había tenido su cuerpo casi inerte.
Eso, a su vez, la aterrorizaba. Significaba que tendría que matar para poder sobrevivir y ella no quería eso.
Llego a la conclusión de que mataría a aquellos que habían echo algún mal en el mundo y así, de paso, lo limpiaría.
Después de llevar 473 hombres, porque solo mataba hombres, se dio cuenta de que ella también era una asesina.
Intentó quitarse la vida por ello, pero no fue capaz.
Era inmortal.

