Rozó sus labios por primera vez. Hacía tiempo que había desistido en tratar de alcanzarlos, ella la había rechazado una y otra y otra vez. Pero, al fin, había sucedido. Ella no pudo luchar más contra su impulso, ni los tabúes, ni la sociedad, ni su familia... podía esconder ese sentimiento que, desde que la conoció, le invadía.
Había soñado cada noche que estaba en sus brazos, y que las tibias sábanas rodeaban sus cuerpos desnudos. Se perdían en un mar de olas, con el vaivén de sus caderas.
Había llegado el día, no pudo aguantar más y se lanzó a sus labios. La besó como nunca antes había besado a un hombre, la pasión le sobresalía por cada poro de su piel. Y sabía que ya no podría parar.
Desnudas, en vueltas en sábanas, dejaron al libre todas sus ataduras, todo ese deseo desde poseerse que llevaban callándose desde hace meses. Ahora no había nadie más, era ella y ella.
La noche pasó rápido, y ella... supo que jamás podría volver a estar con un hombre.
¡Muy buen escrito!
ResponderEliminarEn el fondo creo que el género femenino seríamos más felices si nos pasásemos al lesbianismo, pero es sólo una teoría.
Un beso!